Nuestros expertos: tradición y funcionalidad en el uso de la anquera

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/ 6 febrero 2025

Un arreo tradicional mexicano impresiona por su utilidad y simbolismo en un evento mundial de domadores en EU

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En 2013 fue mi primera participación en el Horseman Reunion en Paso Robles, California, en Estados Unidos, representando a México y Latinoamérica. Ese evento congregó a 20 domadores de todo el mundo. Quería mostrar algo representativo de nuestro país que fuera diferente a otras técnicas de doma y recurrí al uso de la anquera y de la montura muzqueña (que además es originaria de mi pueblo, Múzquiz, Coahuila).

Impactó a quienes presenciaron el evento por el sonido que produce traer al caballo vestido con este instrumento. También los sorprendidos fueron los caballos de mis compañeros, pues por donde pasaban galopando, parecía que iba abriendo surco y eso no les gustaba.

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Al final me pidieron que subastara algo. Pensé en la anquera. Para mi sorpresa un indio de una tribu de Wyoming pagó $900 dólares por ella. Recuerdo su sonrisa al tenerla en sus manos.

Los antecedentes de este arreo mexicano se remontan al siglo XVI en Europa, donde se empleaban caparazones de cuero con placas metálicas para cubrir a los caballos en caso de guerra. Dicha cubierta también se utilizaba en torneos medievales o para guerrear.

Es curioso encontrar imágenes que provienen de la primera mitad del siglo XIX en México, en las que puede observarse el desarrollo de la suerte de varas (toreo a caballo), donde el animal es protegido por una coraza o anquera.

Don Carlos Rincón Gallardo (Marqués de Guadalupe), en El Libro del Charro Mexicano, la menciona como una cubierta de cuero de timbre y a modo de enagüilla, formada por gajos unidos entre sí y forrada de suela que cubre las ancas del caballo. Va unida a la silla por medio de los tientos de la teja, y le llega al caballo hasta una cuarta arriba de las corvas.

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En su parte baja lleva unos colgajitos de fierro que se llaman “higas”, unos, y otros, “coscojos” y a todo el conjunto de ellos “ruedo”. Los rancheros vulgares llaman al ruedo “ruidos”. Sirven para quitarles a los potros las cosquillas, aposturarles la cola, asentarles el paso y educarles el tercio posterior.

Poco a poco se ha ido perdiendo el uso tradicional de este arreo siendo que es una herramienta que desde mi punto de vista ayuda a los siguientes logros durante la doma de un potro:

>> Desensibiliza los cuartos traseros, principalmente en la corva.

>> Desensibilizarlas ancas del caballo al peso.

>> Evita el rabeo que se origina cuando se presiona al potro y al no entender qué se le pide, libera energía por la cola, moviéndola de un lado a otro.

>> Genera confianza en el manejador o jinete, pues si no la tiene, el caballo no se dejará poner la anquera por el ruido que generan los coscojos.

Su uso es conveniente en los potros y aun en caballos ya de silla.

Pero hay que tener experiencia cuando se utiliza en animales nuevos o muy sensibles, porque un error puede generar un terror permanente en el caballo.

Antes de fijarla se le cuelga al caballo por un lado atada a la cabeza de la silla y se le dan algunas vueltas para que se habitúe al sonido que genera principalmente, esto se hace de los dos lados.

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Enseguida se pone la anquera sobre el asiento de la silla y se engancha de la parte central a los bastos de la silla mediante unas hebillas que se le adaptan, para que en caso de que el caballo se asuste, esta ya se encuentre sujeta y no vaya a ocurrir un accidente.

Luego se amarran las correas laterales por debajo de la arción a las argollas de los enrriatados. En otras sillas diferentes a la charra, se puede sujetar a las argollas del barriguero o mediante otros mecanismos. Cuando se utiliza para jornadas largas, se recomienda vendar el maslo de la cola para que no la roce o dañe con la fricción.

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La reacción de la mayoría de los caballos nuevos es salir huyendo, por lo que hay que tenerlos bien agarrados, pero a la vez dándoles libertad para que cumpla su cometido de desensibilizar. Otros caballos salen reparando, pero muy pronto se dan cuenta de que no se pueden deshacer de lo que llevan atrás y se quedan muy tranquilos.

Ojalá y los entrenadores actuales pudieran incorporar en su programa de doma el uso de este arreo que además de su funcionalidad y beneficios, es algo muy mexicano y además es única en el mundo.

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