El próximo 15 de marzo desde los corrales del rancho El Jaralito se hará una réplica de la antigua arreada de ganado, como cuando se transportaba de San Gerónimo a Eagle Pass, en Estados Unidos.
Leopoldo Elguezabal, director del Museo de la Ganadería de Múzquiz, Coahuila, reseña que los jóvenes al ver la imagen de aquel suceso pensaron en recrear el hecho en la actualidad para no dejar que quedara en el olvido.
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“Puede ser algo muy bonito, asumiendo los riesgos que los organizadores ya los deben tener en cuenta”, como señala el dirigente de la institución cultural.
El sábado 15 de marzo a las 8:00 a. m. la arreada iniciará con 300 cabezas de ganado y hará un recorrido para entrar por una de las calles principales para dirigirse a la plaza, frente a la iglesia hasta llegar a la Arena La Misión, bajo un resguardo de vaqueros profesionales.
La arreada es gratis y se podrá ver desde diversos puntos de la ciudad.
Los vaqueros que participarán son de diferentes ranchos emblemáticos, como La Babia, San Jerónimo, El Fortín, El Infante y El Jaralito, según explicó en conferencia de prensa Javier Espinoza, dueño de este último. Añadió que irán dirigidos por dos caporales.
EL PAPEL DEL MUSEO DE LA GANADERÍA
Dice Leopoldo Elguezabal que el Museo de la Ganadería promueve que vuelvan las prácticas de la agricultura y la ganadería entre los jóvenes que asisten.
“Necesitamos volver a activar nuestros campos y aquí en Múzquiz se sembraba mucho grano y hay que ver cómo sería posible volver a hacerlo”, especificó.
Respecto al ganado, Elguezabal reconoció que el papel de la institución es incentivar a los ejidatarios a seguir con la práctica.
“El Museo de la Ganadería es un lugar de aprendizaje y estamos invitando a los niños y muchachos a que participen del amor a la tierra”, describió.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En 1937, como relata Yolanda Elizondo Maltos en el libro “Múzquiz, Páginas de su Historia”, se hizo una partida de ganado de San Gerónimo a Eagle Pass.
“La partida iba a cargo de Don Miguel Guerra Rosas, le acompañaban Albino Cortés, Jesús Garza Guerra, Raymundo Espinoza, Doroteo Espinoza, José María Jiménez, Arnulfo Jiménez, Espiridión Hernández, Hilario y Atilano Bustos y como encargados de la remuda, misma que se componía de tres caballos por vaquero, Juan de Luna y Mauro Bustos”.
Elguezabal, aseguró que lo significativo de esta arreada fue la participación de personajes muy importantes de la comunidad; vaqueros icónicos de ese tiempo cuyo legado es trascendental como especialistas en el manejo de los caballos y en la maniobra del ganado.
Entre estos destacó el papel de Hilario y Atilano Bustos.
EL IMPACTO ECONÓMICO DE LAS ARREADAS
Alrededor de 1937, año del que data el cartel conmemorativo, el ganado mayor —equinos, asnos y bovinos— no se comercializaba, es decir que la única entrada para los ganaderos (económicamente hablando) era el ganado joven.
“La gente en aquel tiempo no comía carne dura”, detalla el director del Museo de Ganadería, y añade que hay un dicho que la carne de antes era mejor, “y claro que sí porque la gente de antes no comía vacas viejas”.
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“En 1920 o en 1930 mataban animales y se tenían que vender y consumir ese día” agrega.
De modo que en aquellos años había carne fresca y carne joven.
También tuvo un impacto importante sobre los caballos, como destaca, pues los vaqueros preferían tener potros de bozal jóvenes porque eran más bríosos y los hacían a su manera.
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